lunes, 10 de octubre de 2011

Tblues.

Ese libro cambió mi vida, sabía que en nuestra historia era Midori, y aunque ella se quedara tranquila, aunque vos tan Watanabe pudieras expresar, " Eres muy bonita, Midori. y yo preguntara, - ¿Cuánto? La respuesta - Tan bonita como para hacer que las montañas se derrumben y el mar se seque" me dejaría vacía.
Porque desde un principio, yo entendí que uno "esta predestinado. Ni siquiera las cosas más triviales suceden por casualidad" y talvez, esa, sólo esa era una buena respuesta para verme con la mirada perdida, enamorada de tus fantasmas.
Sin embargo, cerré el libro, después de ver con tristeza el punto final, y decidí que no podía esperar la muerte de Naoko para sentirme amada, no podía darme el lujo de juntar las sobras, pero mucho menos aún, de considerar tu desamor cómo la única respuesta a mi futuro.

domingo, 9 de octubre de 2011

Rutina

Existen días en que me levanto cansada de mi cuerpo, mis dudas, mis aspiraciones. Cansada de saber ya, de ante mano cada mañana, cuales serán mis pensamientos, trabajo, e intrincadas planificaciones. Aborrezco cada amanecer, conocer mi teléfono, dirección, mi e-mail. Y hasta a veces por momentos me aburre saber a la perfección cuáles serán las caras, que alegrarán mi día.
Cada día antes de dormirme rezo en silencio, al rededor de un minuto. Pido levantarme, no reconocer mi cuerpo, no tener ni un solo vestigio de lo que siempre soy. Pido con fuerza desesperante, no recordar caras, números ni contraseñas. Levantarme y ser quién sea, cuerpo de anciana, niña, perro o león.
Pero no, mis plegarias son en vano, cada día, desde hace veintitrés años me levanto diariamente, miro mis dedos, toco mi pelo y suspiro sabiendo que durante todo el día, seré la misma. Con los mismos ideales, posturas, desamores.
Pero al llegar la noche, reitero en ese minuto, mi anhelación constante. Lástima, que como todo esto se ha vuelto, tan rutinario.

sábado, 1 de octubre de 2011

Lejanía.

Que el rencor se desvanezca
que la lluvia se lo lleve,
que se fundan en el viento
de este invierno tan caliente.
Que mi angustia se transforme
en un halo de esperanza
porque siempre es negativo
lo que marca la balanza
Y será que ya no espero
Otro signo más remoto
que el de tu vida y la mía
sin más que otro terremoto
Y te siento desgarrando
cada espacio de este cuerpo
porque ya no tengo nada
más allá de tu recuerdo
Nada tiene verdadero
nada expresa acostumbrado
a dejar en los andenes
este cuerpo abandonado
Y aunque intente deletrearlo
nada más incomprensible
que el dolor de tu mirada
ante los cuerpos apacibles
Esperamos la mañana
en este cuarto aniquilado
el amor se fue de viaje
pues ya estamos oxidados.
Ahora escucho a tu saliva
que desgarra, muerde, implora
que tiremos al vacío este amargo sentimiento
de tenernos desde siempre
nada más que aquel momento.
En que siempre permitimos
sólo darnos por vencidos
y te alejas de mi vida,
esta vez muy decidido.
Vomitando estas palabras
deseándote en silencio
implorándote callada
que te alejes ya del centro.
de este cuerpo inmaculado
desdichado, intempestivo
te llevaste la esperanza
sin saber por qué camino.