Él es fotógrafo, pero ya no saca fotos,
no sabe porqué, dice.
un día dejó de sacar y no volvió a hacerlo.
Se aburrió, supone.
Yo no soy fotógrafa, nunca hice un curso,
nunca fuí a una clase,
sin embargo, yo no me aburro de sacar fotos
ando con una cámara analógica
de acá para allá,
como intentando captar algo,
algo que mis ojos no ven
tampoco los de él.
El de vez en cuando observa mis fotos,
me pide que se las muestre
suele mirarlas en silencio,
hace sólo pequeños comentarios,
yo fumo a su lado,
casi siempre
sólo muevo la cabeza, en forma de aprobación.
pero a decir verdad, no estoy escuchándolo.
Muchas veces encuentra alguna,
la mira un rato largo y dice
- esta me gusta.
yo sonrío.
Nunca le saqué una foto, a él.
prefiero, me digo,
que él sólo quede enmarcado en mi memoria.
Debo confesar, que a veces me despierto
ya es de día, voy al baño, y al volver
él duerme, con mi gato en los pies
siempre boca abajo,
abrazado a la almohada,
y yo entro sin hacer ruido y lo observo
y pienso, que esa es una buena imagen
que él está hermoso
y la luz le da justo,
en el torso, o en la pierna que siempre saca de la colcha.
Muchas veces, ante esa situación
agarro la cámara, en silencio con la adrenalina
que me da pensar que tal vez abra los ojos,
pero sólo enfoco, y no disparo
engaño al lente
engaño a mis ojos,
y la imagen queda en mí,
tan grabada, tan exacta,
que me basta, hoy para recordarlo
sin preguntas, sin tristezas
él pasó por acá, por mi casa, y por mi vida
dejó un rastro
que nunca podrá probarse
por medio de una foto.
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