lunes, 19 de julio de 2010

Canción de amor de C.

¿No te sentiste un idiota cuando supiste que ella había sido tuya desde un principio, pero que con tus insanos esfuerzos para hacerla amarte de manera definitiva la habías terminado perdiendo, igual que a todas las anteriores? ¿No hubiera sido más viril perderla porque "no podías ser lo que ella quería", o por algún novelesco tipo de inconsecuencia por el estilo?

Lo decís para darme ánimos. Pero te estás olvidando del tercer hombre.

¿El tercer hombre? ¿Qué tercer hombre?

Ese que caminaba a nuestro lado al caer la tarde, pero que cuando nos volvíamos ya no estaba. Que llevaba años asolando su pasado, pero era más real que nosotros dos juntos.


domingo, 11 de julio de 2010

Lo demá!

Te da miedo enamorarte, perdida y locamente de mí, sabiendo que también me gustan los demás. No me da igual que te sea indiferente, ya caerás en mis brazos… Inseguro de repente, adonde pensás que podés ir?

viernes, 2 de julio de 2010

Otro limón.

Me gusta de el, entre tantas otras cosas, sus lentes de marco grueso y cristal fino que dejan ver por detrás sus expresivos ojos color miel, me gustan sus tatuajes de trazos marcados y colores oscuros, definen su personalidad a la perfección, y siento que observarlo es mirar una obra de arte, no cualquiera, sino una de esas que determinan la congruencia de cuadrados y lineas, brazos finos porque así es.
Tiene un olor a hombre que juraría al caminar por la calle puede deslumbrar a cualquier mujer, aveces lo opaca un perfume dulce que ametralla mi sien. Es refinado y risueño, pero tiene el poder de abrir la boca y desmoronar cualquier idea de ternura, es duro y frío, no se anda con vueltas, porque sabe herir.
Me gusta jugar con el a la guerra de las palabras, quedar exhaustos y besarnos con furia, para reivindicar la frialdad que acaba de pasar por nuestras bocas. Me gusta todo, cada movimiento artístico o tosco, cada poro, piel y cabellos, pero puede desgastarme de manera inigualable cuando todo se transforma en aire que se corta con cuchillo, cada vez que me dispongo a abandonarlo, entre libros o pasajes.