sábado, 17 de septiembre de 2011

Amor de Madryn.

A EL, tan rubio y gentil, ELLA le duele.
Veo a lo lejos como ELLA desgarra, cuando quiere con un aire de insolencia los miles de castillos que el se encarga de armar con cuidado y dedicación. Así sin cuidado, sin pedir siquiera perdón, con un profundo y seco soplo de desamor elimina del panorama todo vestigio de alegría.
A EL, tan poético y sentido ELLA le duele.
Le clava cual dagas palabras cuidadas, tan llenas de violencia como cuchillos afilados. El problema es que el siempre está, de brazos abiertos y torso tatuado para recibir sin más que un alarido interno, el próximo cuchillo que destrozará sus días.
A EL, tan ilustrado y leído, ELLA le duele.
Apuesta sus fichas, se endeuda y sobre la mesa, vuelve a perder su futuro. Pero mientras y sin sentido, los días siguen pasando. Entonces EL la da por perdida, no le habla y anestesiado comienza a olvidarla.
Y es entonces, cuando a ELLA le duele.
Y así sin más, sin expliaciones ni vergüenza decide renacer. Y es ahí cuando se intensifica el problema, porque EL vestido de caballero, elegante y sincero espera su amorío, que cree esta vez será para siempre.
Pero nuevamente ELLA vuela, etérea e indómita desaparece de su lado, dejándolo más roto que antes, pero tal vez más entero que la próxima vez.
Esta historia no tiene un final, al menos no hasta estos días, yo simplemente soy una observadora de esta tragicomedia, cuando el cada tanto me hace parte.
Y sufro, desde lejos el no poder despertarlo, hay días en que quiero correr hasta su puerta, rodeada de mares y peces para golpearlo tan fuerte esperanzada de que despertará sin recordar su rostro, sus tacto su perfume.
Porque a mí, como su amiga, EL ME DUELE.

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