sábado, 18 de junio de 2011

Mi fe poética,

Guardo en mi mente, al menos diez años de poesía. Mis horas transcurrieron desde chica entre libros de Benedetti, y escritos de Girondo. Que tracé con mi propio puño y guardé en una libreta en la que escondo, mis más preciados recuerdos.
Siguieron pasando momentos y Sabines se manifestó con un aire casi amenazador, dejándome sin aliento, de la mano de Pizarnik. Apareció en un instante Susana Thénon, permitiéndome amar el desamor y la soledad, como si ese fuera al fin y al cabo la regla de la vida misma. Nacemos para amar, y morimos solos.
Mantengo mi fé poética todos los días, vuelo con versos, y busco en bocas ajenas, individuales y desconocidas la magia de las palabras. Aprendí a amar con una fuerza irresistible la ortografía, adorando hasta el hartazgo los oximorones y las dudas.
Tiemblo ante palabras conexas y pensamientos exactos, pero sobre todo admiro a la gente que con aire casi trágico expresa las inimaginables cuestiones de la vida con un acento cuidado y perfecto. Después de todo la poesía es la sinfonía de las palabras para mí, algo así como un reto de delicadeza.
Y sobre todo, Cuando digo que intento cultivar mi fe poética, me refiero a esto. A que ante la situación de que un hombre en la calle me muestre su pene (en rito de apareamiento), puedo desmembrar pensamientos, logrando intuir en su mensaje, las palabras sabias de Mario, diciendo: "quiero que me relates tu último optimismo, yo te ofrezco mi última confianza. Aunque sea un trueque mínimo. Debemos cotejarnos estás sola,estoy solo, por algo somos prójimos. La soledad también puede ser una llama"

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