Hace muchos, muchísimos meses, antes que tomáramos la decisión de alejarnos definitivamente, escribí esto, pensando que jamás seríamos capaces de abandonarnos, hoy.. luego de recibir tu mensaje, temblar un buen rato y comenzar a preguntarme, hasta dónde estoy segura, decidí entrar en esta especie de pensamiento escrito para ordenar mi mente abstracta, encontré muchas cosas y decidí contestarte así. Considero que me vas a entender, y te va a dar fuerzas, para seguir en campaña. Ello no disminuye el cuanto te extraño, pero si afirma, cuan lejos quiero que sigamos, pues la ropa ya está en tu placard.
"Vos me mirás mientras desaparezco, me alejo y prometo nunca más volver. Me mirás, es seguro, siento tus ojos en mi nuca, en mi pelo. Me canso de huir, y me tiro en la cama, extenuada con fiebre. Me tapo hasta los ojos, pensando que así, tal vez no puedas encontrarme. Pero las puertas no se cierran y sabés a la perfección como volver cada vez que me alejo. Suena el teléfono, tiemblo y atiendo, es tu voz, que exige respuestas, las mismas que no puedo darte. Llevo días huyendo de tu mundo, me refugio en viejas charlas, doblo tu ropa que quedó en mi placard, la perfumo y me prometo devolvértela. Evalúo la posibilidad de dejarnos para siempre. Me canso de mentirme, y porqué no, mentirte."
miércoles, 26 de enero de 2011
miércoles, 19 de enero de 2011
La morada imposible II.
Me acerqué a tu manera
de no estar en las cosas, de no saber nombres, días.
Para verme estar solo,
solo de todo entre mis manos
me acerqué a tí, cubriendo como supe
mi real presencia, que fuiste derramando
sobre la piedra, en muda libación.
Soy tu muerto implacable.
Soy el brillante bebedor de tu sombra.
Nada sobre mis labios dice el delirio
de guardarte, inocente de las noches,
como una imagen
de no estar en las cosas, de no saber nombres, días.
Para verme estar solo,
solo de todo entre mis manos
me acerqué a tí, cubriendo como supe
mi real presencia, que fuiste derramando
sobre la piedra, en muda libación.
Soy tu muerto implacable.
Soy el brillante bebedor de tu sombra.
Nada sobre mis labios dice el delirio
de guardarte, inocente de las noches,
como una imagen
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