"Puesto que no hay lecturas inocentes, empecemos por confesar de qué lecturas somos culpables"
Había una frase de Thénon en mi cabeza, que iba y venía, habían también monstruos, archipiélagos de centauros, capuccinos, miedos, rulos y un par de libros. Seguí escarbando... encontré fotos y recortes de Mario, un par de poemas de Cortazar y una linda foto floral de Girondo, millones de barcos de Pizarnik. Detrás de un marcador encontré un anillo y un par de desconciertos , proletarios entre Marx, algunas ideas sobre estados de naturaleza, que vaya a saber uno que Contractualista dejó ahí sin nombre ni rostro, flotaban entre ellos hojas amarillentas extraídas de Rayuela, también un loco doble de Dostoievsky y entre tantas otras cosas un librito de drogas y experimentos con un viejo simpático y arrugado, que creció ahí en mi mente ayudado entre la bruma por Castaneda. Pisé aviones de papel, estrellas. Un reloj gigante que marca mis segundos y también partituras, acordes y punteos vagos increiblemente alejados, perdidos y tristes. Divisé a lo lejos leyes y artículos, enunciaciones aberrantes del Positivismo criminológico, garantías absolutas de Eugenio Raul, memorias y besos. Distinguí tantos olores que no sé a quién pertenecen, una pelota, una guinda, una raqueta. Habían vestigios del develacionismo poético que llegaron a mi en un libro rotoso de Casnati, encontré miles de caminos que guiaron mi adolescencia, enunciados tan perfectamente por René Barjavel que juraría recorrí varias veces, entre árboles o cortinas y por supuesto encontré amores absolutos e imposibles, de la mano de Allende. Que desconcierto, entre tanto lío, solo quería contestar a una pregunta que encuentro diariamente en mi, debería seguir planteándome, sin es posible responder al planteo de Althusser.
No hay comentarios:
Publicar un comentario