miércoles, 20 de agosto de 2014

Crónica II

Pasaron los días, no sé cuantos, por estos momentos, no tengo lo que se dice, conciencia de las horas, y los minutos. Sólo sé que esperé este fin de semana largo, sabiendo que viajaría a la plata, a ver una banda, que no era la suya, en el mismo lugar donde un tiempo antes lo crucé. Hasta ahí, no sabía nada más sobre estos días, no tenía planes, sabía que él iba a continuar con su larga gira, esa que viene desde hace tanto tiempo, que tocaría, y que a nuestro regreso, volverían las charlas y los ciberbesos en la frente.
Pero apareció, para avisarme que tenía unos días, hasta el próximo helado show en Puerto Montt, que según dijo, sería frío pero divertido.
Me habló.
 -Voy, dijo. Tardó cinco minutos en contestar, y pulverizó mis nervios con una frase que pasará un tiempo hasta que olvide, "Su operación ha sido satisfactoria, tengo pasaje, llego mañana, me recibes?".

La cuestión, es que cuando empecé hace unos días a escribir esto, jamás imaginé que me vería (al menos no tan pronto), parada en la puerta de vuelos internacionales, con un nudo en la panza y el pelo despeinado.
Confié, no tenía ninguna certeza,  nada más que una palabra que venía mediante alguna de esas nuevas formas que se manifiestan gracias a internet, sólo ellas confirmaban que ahí debía estar esperando.
Tenía calor, muchísimo calor, sentía como algo estaba pasando dentro mío, y creo que pocas veces tuve tanto miedo. Fue gracioso, porque en algún punto, pensaba que todo esto podía no ser real, situación en la cual, planeaba tomarme sola y abatida el 37 a casa, pensando que había sido un chiste gracioso y elaborado.
Siempre odié un poco los aeropuertos, siempre me generaron un vacío particular, el mismo que ese día y en ese momento se estaba llenando.
Pero parece que a veces los planetas se alinean, o eso al menos sentí cuando se abrió la gran puerta mecánica, y  lo vi atravesar las paredes de vidrio con un pequeño bolso y un estuche gris y celeste que traía su bien más preciado, esa hermosa guitarra con soles, y colores, estaba ahí, era él. Me buscó, me vió y pude ver como sus labios dejaban ver sus dientes afilados.
A un hombre oriental, se le cayeron las pastillas, miles de bolitas blancas, pequeñas de azúcar, pero quien se dirigía hacia mí, no lo notó
- Mirá, es "Daríoy" comentó una pareja de compatriotas tuyos, que llevaban la cara del sufrimiento y la alegría que significa esperar a alguien en un aeropuerto, los mismos compatriotas que cuando llegó a mi, nos vieron besarnos.

viernes, 15 de agosto de 2014

Crónica I

Día 1: Hace algo así como un año que lo pienso, miro sus apariciones, sus videos, tiene 32 años, cabello castaño, ojos casi amarillos. Me gustó durante bastante tiempo imaginar un supuesto encuentro, natural, no forzado. Tal vez, yo simplemente pasaba a su lado, y él me  miraba, sólo eso.
Hace algo así como dos meses, viajó desde su país natal, para venir a tocar a La Plata, no dudé y fuí a su recital.
Era aún más hermoso en vivo que en cualquiera de sus videos, tenía la mirada perdida, estaba como inmerso en sus pensamientos, subío al escenario, y cantó prolijamente varias de sus canciones, sin pronunciar palabra extra. Al terminar el show bajó del escenario, yo cargué mis cosas, y me dirigí a la puerta, pasé a su lado y me miró, fué algo así, tal cual como lo había imaginado. Miré el piso, me subí al auto y volví a Capital.

Como bien ya dije pasaron dos meses de aquel acontecimiento, en el medio me fuí de viaje, y continué con la euforia que dejan los recitales hermosos, lo rememoré incansablemente, escuchando temas por internet.

Pero hace unos días, ocurrió algo extraño. Me desperté seis y veinte de la mañana para ir al trabajo, como todas las mañanas, desde la cama y con los ojos medios pegados, miré el celular. Tenía una solicitud de amistad en facebook, un nombre extraño pero llamativo, un perfil sin foto. Como siempre hago en estos casos, continué con mi rutina sabiendo que no iba a aceptarlo, pero por alguna razón, me dio curiosidad. Tenía 16 amigos, y el facebook había estado cerrado desde el 2010 hasta la actualidad. Me llamó la atención, y comencé a pensar que conocía ese nombre, que debía conocerlo de algún lado. No sé porqué se me ocurrió, pero decidí entrar a google a ver si me aparecía algo sobre él, y de repente, LA SORPRESA, era él, aquel hombre.
Era imposible, no podía estar pasando, de las más de cien mil personas que seguían su cuenta oficial, ¿cómo él podía haberme agregado? Era una joda,  y de eso estaba segura. Alguien me estaba haciendo un chiste.
Esa noche lo soñé.

Día 2:
Continué mi rutina normal, y de vuelta en mi casa, entré a su perfil, para ver si había habido algún movimiento y nada, no había ocurrido nada, ningún comentario, nada. Me pareció divertido, pensé que hacía mucho tiempo que no jugaba a ser Sherlok Holmes, lo acepté, y decidí desenmarañar el asunto.
Ese mismo día, decidí mandarle un mensaje, con un simple "Hola!", así, tal cual.
Pasaron las horas, y no aparecía la maldita tilde, no lo había visto, no se había conectado, de hecho no lo hizo, no hasta el otro día.
Esa noche lo soñé.

Día 3:
Al volver del trabajo, me conecté y chateé con un amigo, a quién le comenté el asunto, y tras pensar también que era un chiste, me pregunta: ¿Alguna vez te pasó, querer tanto algo que el universo conspira para que ocurra? Si, me pasó, creo que debe haberme ocurrido alguna vez, pero si de algo estoy segura, es que nunca, pero nunca me pasó con algo que consideré, como mínimo imposible.
De todas formas, pasaron las horas, y nada había cambiado, aquel hombre, o su impostor no habían aparecido, mala suerte pensé, continué con mi día, fuí al gimnasio, volví, cené. Eran las once de la noche, y ya estaba un poco cansada, decidí acostarme, tras dar unas vueltas en la cama mi celular me avisó que alguien me había hablado desde el chat del facebook, debe ser Iñaki pensé, o Facu, analicé si realmente valía la pena buscar el celular que estaba enchufado lejos de mi alcance, me levanté.
Era él, tras seis horas de chat, comencé a vislumbrar la pequeña posibilidad de que no fuera un impostor, de que por alguna extraña razón, él estaba tocando las puertas del mundo real, anunciándose tras sus manos, avisándome que el universo era pequeño, que las cosas fantásticas no solo ocurren en cuentos. Que la conexión existe, y se manifiesta de diversas formas.