Esa peste que ardiste pudrió la tierra,
el pasto, los frutales, las cosas buenas. El árbol de naranjas, seco por siempre, no ha dejado ni una simiente. Tenía frutas preciosas, sólo por fuera, pero ni una semilla que fuera buena.
Sos lo que perseguías, sos esa tierra, lejana de tus cosas, sos patria ajena. Ni bien dije a la tierra que no volvías, nacieron flores nuevas todos los días. Es más, dejé la casa, duermo en la tierra bajo un árbol enorme que me da fuerza.
La felicidad no fue tenerte, la felicidad total fue perderte
jueves 20 de octubre de 2011
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