miércoles 6 de abril de 2011

P510.

Tu no tienes la culpa de todo. Tampoco la tengo yo. Tampoco es culpa de la profecía ni de la maldición. No es culpa del ADN, ni del absurdo. No es culpa del estructuralismo, ni de la tercera revolución industrial. Que nosotros vayamos decayendo y perdiéndonos se debe a que el mecanismo del mundo, en si mismo, se basa en la decadencia y en la pérdida. Y nuestra existencia no es más que una silueta de este principio. El viento sopla. Podrá ser un viento violento que asole los campos o una brisa agradable. Pero ambos irán perdiéndose, desapareciendo. El viento no tiene cuerpo. No es más que el término genérico del desplazamiento del aire. Tu aguzarás el oído. Entenderás la metáfora.
Yo en respuesta, le cojo también la mano a Ôshima. Su mano es blanda y cálida. Suave, asexuada, fina y elegante.